Gastronomía sexual -dedicado a los dos amantes con mejor yantar-
Por un momento he estado dudando acerca de si titular esta entrada 'gastrononomía sexual', 'alta cocina erótica', o 'canibalismo romántico'. Finalmente creo que gastronomía sexual se ajusta más al tema. Pues voy al grano.
Si tu pareja fuera un cochinillo y tu fueras un dominguero en Segovia ¿por donde empezarías?. Al igual que del cerdo se aprovechan hasta los andares, del amante no cabe dejar ni un centímetro de piel sin saborear. Yo personalmente prefiero empezar por los pies, primero el dedo gordo, haciendo hincapié -nunca mejor dicho- en las falanges, repasando el empeine con un suave lengüetazo, embadurnando bien el talón en una amorosa batalla contra las duricias hasta que no quede más juanete que el que se extiende tobillo arriba. Otros, sin embargo, prefieren trinchar su cochinillo por los lomos y adentrarse en el oscuro mundo de sabores que se adivina entre jamón y jamón, entre anca y anca, entre cacha y cacha. Un universo apto sólo para los más desinhibidos, o para aquellos que son amantes vocacionales y que gustan de los placeres de la carne sin ascos ni remilgos. Pues me parece fenomenal.
Mucho menos apetecible es el foi si nos recreamos en su origen, ¿o acaso no es peor comerse las entrañas de un pato reventado que peinar la zona cero del amante? Al fin y al cabo también en el sexo se puede tener un paladar gourmet...

1 Comments:
Cuando el amado, por serlo, es adorado en toda su extensión, hasta casi el último rincón de su epidermis, ¿por qué sentir reparos? A sabiendas de que sexo y amor suelen ser cosa distinta, pero que cuando confluyen se convierten en un chute de endorfinas sin parangón -en ausencia de sustancias alucinógenas y/o artificiales-, los límites prácticamente desaparecen. Para mí, sólo en esas circunstancias, y en otras quizás llevada por la enajenación mental que puede auspiciar un revolcón antológico. En el mejor de los casos, podrás quitarle las legañas, rebañar el interior de sus orejas o hurgar en su tabique nasal sin remilgos. Su cuerpo es casi el tuyo, y lo quieres como al propio. ¡Libérate!, como decía el Titi, que yo, como buena gourmet, pienso seguir investigando...
Post a Comment
<< Home